Asamblea Parroquial

Sábado 4 de Noviembre 

a las 17.30 horas.

 

 

Música Medieval-Renacentista

En la Parroquia del Espiritu Santo

Sábado 4 de Noviembre 

a las 19.45 horas, precio 3 Euros.

Entradas 675048713

Celebración Penitencial

Miércoles 8 de Noviembre

a las 20 horas.

 

Confirmaciones

Sábado 11 de Noviembre

a las 19 horas

con el Señor Obispo.

Encuentro Diocesano de la Misión

Sábado 18 de Noviembre

Consejo de Pastoral Parroquial

Viernes 24 de Noviembre

a las 19.30 horas.

DOMINGO XXXIII del Tiempo ordinario (Ciclo A)

No amemos de palabra sino con obras

 

            Por primera vez el Papa Francisco ha declarado para toda la Iglesia Católica la Jornada Mundial de los Pobres. No tanto como una jornada para recaudar dinero para nuestras instituciones de caridad, cuanto para reflexionar y mentalizarnos sobre lo que la Biblia nos dice sobre el tema.

            Dos preguntas nos permiten adentrarnos en el tema: ¿Cómo se entiende la pobreza en el marco de la sociedad en que vivimos? y ¿cuál era la actitud de Jesús frente a la pobreza?.

            Para la mayor parte de la gente se identifica “pobreza” con “mendicidad”. Y no es que el mendigo que solicita una limosna a la puerta de nuestros templos, o por las calles, no sea pobre, sino porque la pobreza tiene también otros rostros, a veces desconocidos. Por ejemplo “la pobreza vergonzante”, de aquellas personas que de pronto pierden su trabajo, con familia a su cargo, y en edad avanzada, que tiene que acudir a las instituciones de beneficencia y de caridad. La “pobreza de soledad”, de las personas que viven solas, sin ayuda de nadie y, quizá, aquejadas de sus dolencias. La “pobreza  de la ignorancia”, de las personas a las que se les engaña, porque no saben las cosas, en un mundo tan complejo como el nuestro. La “pobreza del “emigrante”, que viene huyendo del hambre en busca de una vida mejor, entre peligros e incertidumbres. La “pobreza infantil”, la de aquellos niños que se vende pronto huérfanos por causa de la locura de la violencia de género. La “pobreza del enfermo que espera un trasplante”, en la duda de si llegará a tiempo para poder vivir. La “pobreza del descartado”, al que nadie presta atención porque no cuenta ya en la sociedad tecnológica en que vivimos. La “soledad de las masas”, manipuladas por intereses políticos. La pobreza, pues, va más allá de la simple carencia económica.

            A Jesús, por su parte, lo vemos volcado con los pobres en toda su vida pública. Con los marginados leprosos, a los que nadie se acercaba; con la viuda de Naín, que va a enterrar a su hijo único; con la sirofenicia, que padece una enfermedad incurable; con los padres que han perdido a su única hija; con los publicanos, que eran considerados pecadores públicos; con las mujeres de vida irregular y sospechosa. En una palabra,  Jesús se acerca a las personas que más necesitan con comprensión, cariño y gestos de humanidad. No amaba de palabra, sino con obras.

            El Papa Francisco, en el documento que instituye en la Iglesia esta jornada, marca como objetivos de la misma: “en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad”

            Recojo dos párrafos del Papa: “Hoy en día desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera”. El otro párrafo dice: “Ante este escenario no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad”.

            Con la ternura que caracteriza a Francisco nos dice: “tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de la soledad”.

            ¡Qué bien se entienden entonces las palabras del apóstol: “No amemos de palabra, sino con obras!        

 

 

 

 

Ramón Carrilero