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Amaos Los Unos a los Otros.

 

DOMINGO XV del tiempo ordinario (Ciclo A)

Una parábola para hoy

            Jesús utiliza la parábola, en muchas ocasiones, para transmitir su mensaje. La parábola se caracteriza por su realismo y sencillez. Está tomada de la vida diaria y termina siempre con una conclusión relacionada con la persona de Jesús. Por eso, quien no acepta a Jesús, o no cree en él, tampoco puede comprender ese mensaje de la parábola. Eso explica las palabras de Jesús en el relato evangélico de hoy: “Oiréis con los oídos sin entender, miraréis con los ojos sin ver, porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos, para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse  para que yo los cure”. La parábola no es un mero recurso pedagógico, es un modo de acceder a Jesús.

            El relato de hoy nos presenta la conocida parábola del sembrador. Jesús es el sembrador, y aquellos que en su nombre siembran. La semilla es la palabra de Dios, que a su vez se identifica con el mismo Jesús, la palabra hecha carne (encarnada). Pero en la misma parábola El analiza las distintas actitudes que los oyentes pueden adoptar ante esta palabra proclamada.

            Lo sembrado al borde del camino son los que escuchan la palabra sin entenderla, porque el maligno (la maldad) roba lo sembrado en el corazón. Esa maldad puede ser hoy la ideología del grupo, los altos intereses económicos, la obcecación de una educación equivocada, el egoísmo de intereses familiares, los pretextos por aferrarse al poder y tantos obstáculos que impiden mirar con ojos limpios el mensaje salvador de Jesús.

            Lo sembrado en terreno pedregoso es la aceptación entusiasta de la palabra de Dios, pero ante las primeras dificultades claudican, les faltan raíces, son inconstantes. El mundo de los creyentes está lleno de personas de buena voluntad, que aceptan el mensaje de Jesús mientras no les complica la vida. No han comprendido que Jesús crea problemas, porque su verdad choca con las mentiras de nuestro mundo.  Para ellos la fe en Jesús en el fondo está mediatizada por otros intereses.

            Lo sembrado entre abrojos refleja aquellos a los que los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra de Jesús. Esos afanes pueden ser: la política, las prisas desaforadas, los compromisos sociales, la obsesión por el cuidado de la imagen, el sensacionalismo de las noticias. La seducción de las riquezas es la carcoma del corazón. El tener es la permanente tentación del ser humano. La búsqueda de seguridades arruina las mejores intenciones.

            Lo sembrado en tierra buena son los que aceptan sinceramente la palabra de Dios según la capacidad  de cada uno. Lo importante es abrirse a la palabra, pues la gracia del Señor se reparte según la capacidad de cada uno.

            La parábola del sembrador es una invitación a la esperanza. Un autor actual, comentando esta parábola del sembrador, ha escrito estas sugerentes palabras: “En la Iglesia de Jesús no necesitamos cosechadores. Lo nuestro no es cosechar éxitos, conquistar la calle, dominar la sociedad, llenar las iglesias, imponer nuestra fe religiosa. Lo que nos hace falta son sembradores. Seguidores y seguidoras de Jesús que siembren por donde pasan palabras de esperanza y gestos de compasión”.

            La siembra del evangelio puede parecer inútil en el mundo actual, en el que sólo se resalta el sensacionalismo del mal, pero la fuerza de vida de la palabra de Dios se halla oculta bajo las apariencias más desalentadoras.

            ¡No cerremos los ojos a la esperanza!

 

Ramón Carrilero